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El Poder y la Maldad

Somos seres humanos y, como tales, errar es a menudo una consecuencia intrínseca de nuestra naturaleza. Sin embargo, la maldad no es un accidente, sino el resultado de diversas causas. Una de las más evidentes es la maldad en el ejercicio del poder, la cual se manifiesta a través del abuso y la corrupción, prosperando allí donde faltan límites claros y mecanismos de control.

El Abuso de Autoridad y la Pérdida de Valores

Otra faceta crítica es el abuso de autoridad y sus arbitrariedades. Ocurre cuando un individuo instrumentaliza su posición para fines personales o ajenos al deber público, como la apropiación de bienes o el favorecimiento de allegados. Frecuentemente, estas figuras imponen restricciones carentes de sentido con el único objetivo de reafirmar su estatus de dominio.

En ocasiones, este comportamiento se ve agravado por una distorsión del éxito académico. Personas con títulos de tercer o cuarto nivel asumen que dichas credenciales les otorgan una superioridad social, olvidando un valor fundamental: la humildad. Es propicio recordar la sentencia de Lord Acton:

«El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente».

El Incidente y su Impacto en la Gobernanza

Lo sucedido el pasado 27 de noviembre en la sede del Grupo de Rescate Valencia con un funcionario de Fundadeportes, es una prueba fehaciente de esta realidad. Los hechos evidencian una ausencia total de ética, lo cual afecta directamente la calidad de la gestión pública.

Sostengo firmemente que las sociedades deben encaminarse hacia el bien común mediante una gestión basada en valores. Cuando estos se omiten, la gobernanza se debilita, comprometiendo la integridad de las instituciones y el servicio a la ciudadanía.

Nelson Pacheco